martes, septiembre 13, 2016

*CLIC*


de buena mañana

el pelo mojado

sin café 

camisa arrugada

me lo suelta

y no tengo ánimo

no tengo respuesta

sólo tengo prisa

como siempre 

llego la última.


-¿Cuándo va a volver papá?
-Es que no puede volver. Ya te lo expliqué…
-¿No le veré nunca? ¿No puedo ir al cielo a buscarle?
-No, pero Nico, no pasa nada porque…
-Pues lloraré mucho. Lloraré mucho y estaré muy triste. Porque yo quiero estar con mi papá.


No son sus palabras –tan diáfanas–,
no es que se le caiga una lágrima
mientras las pronuncia,
que también.

Lo que me paraliza
es la apariencia,
el espejismo.

¿Cuándo ha empezado a razonar?

¿De dónde ha sacado el qué
para llegar a tal conclusión?

Y a eso se le suma la tortura 
de la duda,
de si lo que siente
lo siente 
           hondo
           e hiriente
como yo.

O no.

Porque es sólo una mímesis más.
¿No?
Un acto reflejo infantil.
¿Sí?

Cuando por fin salgo de casa, maldigo.
Maldigo la ofuscación de mi cabeza,
que siempre-siempre
supera 
la maldita
realidad.

Y me maldigo sobre todo a mí.

Nunca consigo llegar antes,
nunca antes que ese ‘clic’.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No te maldigas, bendita María, no te esfuerces por llegar "antes que". Simplemente límitate a estar y a acoger o sostener lo que surja. Nico tiene derecho a expresar lo que siente. Es una parte de su realidad, no toda. Que pueda hablar así parece más saludable que guardarse el dolor o la tristeza dentro, inhibiéndolos.